¿Qué es el consumo responsable?

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Cartel de una campaña de Johnnie Walker en favor del consumo responsable.

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Hoy no voy a hablar de cócteles, cervezas, destilados ni gin-tonics, sino de un concepto que es preciso tener muy presente a la hora de presentarse frente a cualquiera de estos tragos, ya sea como cliente o como barman. Me refiero al consumo responsable o, lo que es lo mismo, ese famoso eslogan que figura en todos los anuncios de bebidas espirituosas: “Bebe con moderación, es tu responsabilidad”. Pues bien, ¿qué es eso del consumo responsable? ¿Y por qué las mismas marcas que instan a que te bebas su whisky, vodka o ginebra te advierten de que adoptas una postura de responsabilidad ante su consumo? Resulta paradójico que quien produce una bebida espirituosa y se lucra con su venta te advierta a la vez de su peligrosidad. Pero no lo es. O al menos no si se tiene muy presente lo que significa el consumo responsable. El alcohol es una droga, y aunque sea legal (en la mayoría de países) y su consumo esté muy extendido e incluso forme parte de los rasgos culturales y tradicionales de una determinada sociedad, no debemos olvidar que su abuso, tanto puntual como continuado, conlleva graves consecuencias. Es una droga dura, y esto es algo que no debes olvidar, tanto si entras en un bar a pedir una copa como si trabajas detrás de la barra preparándolas.

Empecemos por las consecuencias en materia de salud: una simple borrachera puede acabar con la vida de una persona, incluso si se trata de la única vez que esta persona se emborracha en su vida. De ahí que sea preciso conocer qué es el coma etílico y cómo actuar ante un episodio de grave intoxicación etílica. Sigamos: una simple borrachera puede acabar con la vida de una persona, incluso si ésta no ha bebido nunca. El alcohol merma las facultades psicomotrices, inhibe las funciones cerebrales y afecta a los reflejos. Por eso conducir bajo los efectos del alcohol incrementa las posibilidades de tener un accidente. Y si en ese accidente están involucrados otros vehículos, las probabilidades de que el siniestro termine con algún fallecido también aumentan. Un borracho al volante puede acabar con la vida de otros conductores.

Esto en lo que respecta al abuso del alcohol a corto plazo. A medio y largo plazo las perspectivas tampoco son muy optimistas. ¿Has oído hablar de la cirrosis? Es una enfermedad degenerativa del hígado cuya principal causa reside en el alcoholismo. Y una vez que se desarrolla la única cura posible pasa por trasplantar el órgano dañado. Esofaguitis, cáncer de estómago, anemia megaloblástica, pancreatitis o inhibición de la producción de glóbulos blancos son otros de los efectos que el abuso del alcohol deja en la salud.

Veamos ahora los problemas sociales que genera el alcohol. ¿Has visto este anuncio de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción? Concentra en una imagen de 30 segundos los problemas familiares y sociales que conlleva el alcoholismo: aislamiento, violencia, absentismo laboral… Pero es que ni siquiera hace falta estar bebiendo durante años para que aparezca este tipo de problemas. Como decía dos párrafos más arriba, una simple borrachera puede traer consecuencias inesperadas. ¿Cuántas veces habéis visto a un borracho implicado en un altercado, ya sea una pelea, una caída en un bar, una vomitona a la entrada de una discoteca o una discusión por intentar propasarse con una camarera?

Pero el consumo de alcohol también tiene otra cara más amable: la del ocio entre amigos, la de esa copa que te desinhibe y te invita a pasar un rato agradable en buena compañía, la de disfrutar de la experiencia de un buen cóctel, la de salir de cañas y tapas, la de conocer gente en los bares, la de vivir un concierto de música en directo con un whisky o una cerveza en la mano… No voy a hablar de esos estudios que de vez en cuanto reflejan los efectos beneficiosos de tomar una copa de vino con las comidas (una, no media botella), pero sí de la experiencia de compartir un rato sociable en torno a un par de gin-tonics. Sin embargo no se puede disfrutar de todo esto sin tener presente lo explicado en los cuatro párrafos anteriores.

Tomarse una copa con los compañeros de trabajo en un after-work puede resultar agradable, pero desde luego no tiene absolutamente nada que ver con beberse seis cócteles cada día nada más salir de la oficina. Y no conozco a ningún barman ni distribuidor de bebidas espirituosas que busque al alcohólico empedernido entre su clientela. En esto consiste precisamente el consumo responsable, en ser consciente de que el exceso conlleva una serie de consecuencias dramáticas, y que precisamente por eso es preciso beber con moderación.

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