Perdone pero le he pedido un gin-tonic, no un gazpacho

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No tiene hierbas flotando, pero es un gin-tonic.

Un gin-tonic es una receta clásica y simple: basta elegir la ginebra adecuada, añadirle tónica y finalizar la copa con un elemento aromatizante, generalmente un cítrico. Sin embargo, el boom que ha vivido en España este cóctel ha diversificado tanto la oferta, e impulsado la búsqueda de nuevas versiones con tanto ahíncho, que en algunos establecimientos le echan tantos ingredientes botánicos a la copa que termina pareciendo un gazpacho. Y eso no es lo que hemos pedido. Los cócteles son para beberlos, no para quitarse trozos de hierba de entre los dientes.

Pero vayamos al fondo de la cuestión. ¿Cuántos ingredientes botánicos se deben añadir en un gin-tonic? Porque de la clásica receta que llevaba un twist cítrico (generalmente de limón) y un par de bolitas de enebro aplastadas (pero sin desmenuzar) como máximo hemos pasado al pepino, las fresas, el regaliz, el gengibre, los pétalos de rosa, la manzana, el kiwi, la albahaca, el romero y hasta el perejil. ¿Un gin-tonic con perejil? Pues sí, tal como suena. De hecho son las propias marcas de ginebra quienes han impulsado esta moda de sustituir la cáscara de limón por otros ingredientes como elemento aromatizador en lo que ha sido una gran estrategia de marketing para aumentar las ventas. Quien más provecho ha sacado de ello ha sido Hendricks, que ha capitalizado la moda del gin-tonic con pepino. Pero todas buscan su propio nicho entre semillas, ramas y hojas e incluso comercializan packs especiales que incluyen una botella y un bote de botánicos, como es el caso de Martin Miller’s.

Ahora bien, el problema se presenta cuando, en la búsqueda por combinar aromas y sabores o, simplemente, en un afán desmesurado por darle una mayor espectacularidad a la copa, el camarero de turno comienza a añadir elementos botánicos al gin-tonic: que si una semilla de esto por aquí, que si un par de hojas de aquello por allá, que si ahora le pongo una corteza de pomelo, que si luego le doy un toque de pimienta rosa, que si le pongo una brocheta con una fresa y una rodaja de pepino, que si le meto una barrita de regaliz… Y lo cierto es que existe una multitud de elementos botánicos con los que personalizar un gin-tonic y crear una versión totalmente nueva de este clásico: enebro, cardamomo, jengibre, pimienta, canela, café, pétalos de rosa, romero, lavanda, flor de azahar, nuez moscada, haba tonka… Pero para combinarlos y obtener un gin-tonic único no hace falta transformar el cóctel en un huerto líquido. Basta con elegirlos cuidadosamente y mezclarlos convenientemente junto con la ginebra en una coctelera, que para eso está. Puede que visualmente el resultado final de la copa no sea quede espectacular, pero es que se trata de crear algo para beber, no para rodar una película de Tarzán.

PD: Este post está inspirado en una breve conversación vía Twitter con @Gintleman sobre este artículo de su blog.

Mi Twitter: @CulturaDeBar

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